¡Desarma tu corazón!
Nos falta la paz. ¡Necesitamos que haya paz!
Queremos que haya paz.
Pero, ¿somos constructores de paz?
¿Hay paz en nuestros corazones?
La industria y comercio de armas demuestran mala voluntad en contra de la paz.
Es igualmente siniestro el traqueteo callejero de malas palabras, de expresiones soeces, de insultos violentos y desafíos verbales con que cerramos el paso al diálogo y a la convivencia fraterna.
¡Decídete por la paz!
Suaviza tu corazón con el amor para que tus palabras delicadas tejan la armonía comunitaria.
Tú debes ser responsable de la calidad humanizante de tus palabras.